Educación personalizada

Educar de modo integral. El centro educativo debe ser un lugar de búsqueda permanente del desarrollo integral de la persona, que haga posible un desarrollo armónico y equilibrado que abarque todas las capacidades.

Educación cristiana

La enseñanza es una ocasión irrepetible de transmitir valores que conformen a las personas como ciudadanos libres y responsables, con unos objetivos vitales que mejoren la convivencia humana y la solución de los problemas que acucian a la sociedad de nuestro tiempo.

Educar con la familia

Una acción educativa eficaz, especialmente en lo referente a valores, actitudes y hábitos de trabajo, requiere una estrecha coordinación entre la familia y la escuela.

 

Educación diferenciada

La enseñanza diferenciada es una opción pedagógica que busca atender más específicamente a la diversidad entre el hombre y la mujer.

El hombre y la mujer tienen la misma dignidad y los mismos derechos, pero presentan diferencias que afectan a toda su persona, y el modelo educativo de la enseñanza diferenciada apuesta por una atención especializada en esas características propias de cada sexo.

Se trata de una apuesta pedagógica que en las últimas décadas han asumido con éxito bastantes instituciones educativas muy diversas en todo el mundo, con excelentes resultados académicos y de socialización. Y una diversidad de oferta que, en todo caso, enriquece el panorama educativo.

Las chicas maduran biológica y psíquicamente antes que los varones, suelen ser más tranquilas, más disciplinadas y más ordenadas, mientras que a los chicos les supone un mayor esfuerzo adaptarse a los moldes establecidos en las aulas. Esto hace que los chicos disminuyan su rendimiento porque la comparación constante con las chicas les provoca un comportamiento inhibitorio. Esa es una de las razones por las que los adolescentes varones son un colectivo especialmente vulnerable en nuestros días, como muestran las altas cifras de fracaso escolar, en muchos casos superiores en un 60% a los de las chicas de su mismo entorno.

Desde el punto de vista científico no es fácil afirmar que la coeducación sea superior a la educación separada, ni tampoco lo contrario. Pero es obvio que un sistema donde coexistan ambos modelos satisface más la demanda de cada familia, que es quien tiene, al fin y al cabo, la responsabilidad de la educación de sus hijos. Repasemos la situación y la evolución de la educación diferenciada en algunos países.

Reino Unido

En Gran Bretaña, la red escolar está formada por centros masculinos, femeninos y mixtos con la misma consideración. Como es sobradamente conocido, los más prestigiosos colegios son diferenciados. Existe en ese país, como en casi todos los del área anglosajona, una tradición arraigada de este tipo de escuelas.

En Inglaterra hay 416 escuelas diferenciadas públicas y 676 escuelas diferenciadas privadas. En el ranking de 2008 de las 100 mejores escuelas británicas, 81 eran diferenciadas. De esas 100 mejores escuelas, 29 eran públicas y, de ellas, 25 eran escuelas públicas sólo para chicos o sólo para chicas. Y eso, pese a que sólo el 2% de las escuelas públicas británicas son diferenciadas.

En las últimas clasificaciones oficiales británicas del GCSE (General Certificate of Secondary Education), correspondientes al año 2009, las  escuelas single-sex siguen dominando las tablas de clasificación. Entre los 50 primeros del A-Level, 27 son escuelas para chicas, 14 para chicos y 9 mixtas. Entre los 118 mejores estudiantes (58 de escuelas privadas y 60 de escuelas públicas), 56 eran de escuelas femeninas, 25 masculinas y 37 mixtas. Puede verse el detalle esas estadísticas y el ranking de centros en:

http://www.timesonline.co.uk/tol/news/uk/education/article6985938.ece

http://www.timesonline.co.uk/tol/life_and_style/education/a_level_gcse_results/

 

Estados Unidos

En los años ochenta, EEUU comenzó a detectar una grave crisis educativa. Muchas fueron las variables que se manejaron buscando una explicación para el considerable aumento del fracaso escolar. Las principales que se analizaron fueron el absentismo y la violencia en los institutos, el nivel social, la pertenencia a minorías, los niveles de renta, la desestructuración familiar, etc. Sin embargo, el factor sexual no se consideró determinante hasta los años noventa, cuando la brecha entre chicos y chicas comenzó a hacerse más patente.

En esos años, la Asociación Americana de Mujeres Universitarias publicó el artículo Shortchanging Girls, Shortchanging America, en el que se describía cómo en las aulas mixtas la autoestima de las niñas caía bruscamente durante la pubertad, haciéndoles perder el incentivo hacia las carreras de matemáticas y ciencias. Ya en 1982, Carol Gilligan, profesora de Harvard en filosofía y psicología, en su libro In a different voice, llamó la atención sobre la existencia de diferencias cognitivas entre niños y niñas que debían ser atendidas.

Respecto a los chicos, la preocupación es mucho más reciente y tiene su origen en los datos reflejados por estadísticas y estudios que los sitúan ampliamente por detrás de las niñas en cuanto a resultados académicos y acceso a la universidad.

En 2001, republicanos y demócratas aunaron sus esfuerzos en la búsqueda de una solución adecuada mediante la aprobación de una nueva ley federal (No child behind Act), que concedió a los padres y a los centros mayor flexibilidad para poner en marcha experiencias innovadoras que ayudasen de algún modo a mejorar la situación. Su pretensión principal era elevar el nivel en matemáticas y comprensión lectora hasta alcanzar los estándares federales impuestos para el año 2014. Dicha ley concede enorme libertad a los Estados y Ayuntamientos en la gestión de sus centros escolares para la implantación de experiencias y programas innovadores, concediendo mayor autonomía a los centros públicos, permitiendo la participación amplia de los padres en la gestión, alentando la experimentación de modelos pedagógicos innovadores, promoviendo atender a las diferencias personales en el aprendizaje, financiando programas para estudiantes con escasos ingresos, etc.

En 2006 se llevó a cabo una reforma de la No Child Behind Act determinante para la puesta en marcha de experiencias single-sex en las escuelas públicas o que reciben algún tipo de financiación pública. Esta norma dota a los distritos escolares de mayor libertad para estos proyectos, que cuentan con la asistencia técnica del Gobierno y cuyo coste puede llegar a estar cubierto al 100% con fondos federales (incentivos fiscales y otras ayudas económicas). A cambio, la Administración fija metas de rendimiento y rigurosos criterios académicos, realizando cada cinco años un control ex post (National Assessment of Educational Progress) y renovando la autorización únicamente si los resultados alcanzados han sido claramente positivos.

Amparado por esta nueva norma, cualquier centro público o que reciba financiación pública -Charter School; Performance School y Contract School- puede transformarse en un colegio single-sex o permanecer mixto pero ofreciendo simultáneamente clases single-sex, siempre que cumplan una serie de requisitos legales mínimos que aseguren que la educación será la misma para ambos sexos en medios, fines, currículum y calidad.

La matrícula en clases single-sex es siempre voluntaria para los padres, que pueden adherirse con entera libertad tras ser previamente informados en profundidad acerca de este modelo pedagógico y sus potenciales beneficios. Hasta ahora, las experiencias diferenciadas en centros públicos han crecido considerablemente al amparo de esta Ley, recibiendo un apoyo variado, desde republicanos a demócratas, pasando por neofeministas e investigadores progresistas. La demanda de los padres sigue en aumento y su eficacia ha quedado especialmente demostrada con las minorías latinas y de afro-americanos en áreas socio-económicamente deprimidas, donde se alcanzan porcentajes de éxito escolar antes impensables.

Además, la Ley permite que este tipo de centros, a pesar de ser públicos, puedan recibir financiación, aportaciones económicas y donaciones de entidades y sujetos privados deseosos de apoyar estos proyectos (entre otros muchos, la Fundación Bill Gates; la periodista Oprha Winfrey; la empresa Estee Lauder o Avon, colaboran al sostenimiento económico de los colegios pertenecientes a la YWLA). Gracias a eso se han podido abrir otros muchos centros, como por ejemplo los colegios femeninos de la YWLA en Bronx, Queens, Chicago, Philadelphia, Dallas y Austin.

Estas experiencias cuentan asimismo con el apoyo del Tribunal Supremo. Tanto los Magistrados más liberales como, Ruth Bader Ginsburg (primera mujer que accedió al Tribunal Supremo, de talante liberal y conocida por su lucha contra la discriminación por sexos), como los más conservadores, como Antonin Scalia, apoyan la diferenciación por sexos en las escuelas como un modelo plenamente legal, siempre que sirva, en palabras de Ginsburg, para “disipar, en lugar de perpetuar, los tradicionales estereotipos de sexo: las diferencias existen, pero no pueden nunca ser utilizadas para crear obstáculos artificiales que dificulten la igualdad de oportunidades”.

Actualmente hay en EEUU 557 escuelas públicas que siguen, de una manera o de otra, el modelo de la educación diferenciada. Desde que se aprobó la modificación de la No Child Behind Act en 2006, todos los Estados han realizado algún tipo de acción al respecto. El Estado de Carolina del Sur tiene previsto que en un plazo de cinco años todos los colegios públicos ofrezcan clases single-sex.

Por ejemplo, en este curso, el colegio público Foley Intermediate, en Alabama, ha recibido un 87% de peticiones de los padres solicitando clases diferenciadas para sus hijos e hijas. La Directora de este centro ha percibido en estas clases menos problemas de disciplina y mejores resultados en comprensión lectora y matemáticas.

En Thurgood Marshall Elementary School, en Seattle, tras el primer año de experiencia con clases single-sex, el porcentaje de varones que alcanzó los estándares académicos exigidos estatalmente aumentó del 10 al 35% en matemáticas y del 10 al 53% en lectura y escritura. Septima Clark Public Charter School, en Washington, D.C. se ha convertido en la opción estratégica de aquellos padres que desean para sus hijos afroamericanos una educación capaz de garantizarles un futuro en igualdad de oportunidades con los muchachos de raza blanca o de nivel socioeconómico más elevado.

En Baltimore, el colegio público masculino Bluford Drew Jemison Science Technology Engineering Math Academy, donde prácticamente el 100% de los alumnos pertenecen a algún tipo de minoría, es actualmente uno de los únicos tres colegios de la ciudad que ha logrado alcanzar los estándares académicos exigidos legalmente.

En relación con las niñas pertenecientes a minorías socialmente desfavorecidas, la educación en colegios diferenciados adquiere una importancia determinante de cara a una igualdad efectiva de oportunidades. Un ejemplo emblemático es la Young Women´s Leadership Academy (YWLA), ubicada en East Harlem (106th Street; N.Y). Se trata de un colegio público sólo para niñas que, desde que comenzó su funcionamiento en 1996, consigue tasas de éxito del 100% frente a la media del 42% en Nueva York. Aunque el 90% de las alumnas procede de familias sin estudios (el 70% viven bajo el umbral de la pobreza), su acceso a la Universidad se ha convertido en una realidad habitual entre ellas. Este centro escolar realiza además una labor de inmensa relevancia con las madres solteras adolescentes, a las que proporcionan toda clase de facilidades para que no abandonen los estudios (guarderías, ayudas económicas, apoyo social y psicológico, etc.).

Con la llegada de Barack Obama al Gobierno de los Estados Unidos, la educación diferenciada recibió un impulso aún más entusiasta. El nuevo Secretario de Educación, Arne Duncan, llevaba años luchando por la implantación de este modelo educativo en las escuelas públicas de Chicago, con experiencias absolutamente exitosas. Por ejemplo, gracias a su impulso y apoyo explícito, se creó en 2002 en el Sur de Chicago el Urban Prep Charter Academy for Young Men, un instituto público exclusivo para chicos negros, de familias pobres en su mayoría, que está dando unas tasas de éxito escolar absolutamente increíbles (prácticamente del 100%), teniendo en cuenta que lo habitual es que sólo se gradúe uno de cada 40 muchachos afroamericanos: vid. www.urbanprep.org

 

Estereotipos de sexo

Un fenómeno enormemente extendido y comprobado en los colegios mixtos es que las niñas optan menos por materias o actividades “típicamente masculinas”, por miedo a que no les vaya bien o a ser rechazadas en el grupo. Sin embargo, en colegios sólo de niñas eligen con toda naturalidad actividades clásicamente masculinas como por ejemplo el fútbol, y tienen buen rendimiento académico en asignaturas de ciencias.

Esta es una de las razones por las que muchos expertos piensan que, paradójicamente, la separación de sexos en la escuela supone una ventaja para las chicas de cara a alcanzar posteriormente una igualdad real. Y esto porque, como diversos estudios reflejan, las chicas rinden más y mejor en asignaturas tradicionalmente masculinas cuando están solas (V.E.LEE, H. MARKS y T. BYRD, Sexism in single-sex and coeducational secondary school classrooms, Sociology of Education, 1994).

La separación refuerza la autoestima, tanto a los chicos como a las chicas, y les permite desarrollar mejor y más libremente sus capacidades: se distraen menos, se sienten más relajados y seguros, pierden el miedo al ridículo atreviéndose a intervenir en clase o hacer preguntas, se liberan de estereotipos, se muestran más tal como son, tienen interés por todas las materias (pues no hay asignaturas “de chicos” y asignaturas “de chicas”), etc.

La experiencia de estas últimas décadas es que escuela, por el simple hecho de ser mixta, no ha logrado amortiguar los estereotipos de sexo, sino en muchos casos reforzarlos, pues hay asignaturas típicamente de chicos y asignaturas típicamente de chicas, cosa que sucede mucho menos en la escuela diferenciada. En las escuelas diferenciadas queda más patente que hay diversas formas de ser chico o ser chica. Hay más chicas que optan por las áreas científicas y más chicos que optan por las de humanidades. Hay mayor inclinación hacia las asignaturas para las que tiene más facilidad el sexo opuesto.

Normalmente los detractores de la enseñanza diferenciada mantienen que una clase sólo de chicos o sólo de chicas es peligrosamente artificial, ya que la escuela debe ser un espacio de socialización que facilite actitudes abiertas y libres. Sin embargo, a muchos otros expertos les parece que hay muchos casos en que, a determinadas edades, la estabilidad emocional de algunos niños y niñas se ve afectada por la convivencia escolar constante con el sexo opuesto.

En muchas ocasiones, la presencia del otro sexo en la escuela es un importante factor de dispersión porque les hace estar demasiado pendientes de parecer bien a sus colegas del otro sexo en lugar de centrarse en su propia personalidad sin complejos ni miedos. En aulas diferenciadas, durante los difíciles años de la adolescencia, chicos y chicas pueden comprender más fácilmente el papel de su propio sexo. La personalización debe preceder a la socialización.

En la adolescencia, la identidad personal, masculina o femenina, todavía no se ha constituido adecuadamente, les falta madurez, experiencia suficiente de la vida para saber integrar todos los elementos que están en juego en una relación interpersonal. En un ambiente libre de la distracción que supone la presencia del sexo opuesto, se favorece la faceta académica; la tranquilidad en el aula aumenta; la eficacia docente es mayor al tratar con grupos más homogéneos; el desarrollo individual y personal mejora, pues tienen más tiempo de ser ellos mismos, de llegar a conocerse en profundidad, de configurar su propia personalidad. Todo eso les da autonomía, libertad y equilibrio a la hora de relacionarse con el otro sexo, favorece un mejor rendimiento académico y un desarrollo personal más equilibrado y tranquilo.

La idea de que los niños necesitan de colegios mixtos para aprender a comunicarse con el sexo opuesto es también un poco antigua, quizá propia del ambiente de hace unas décadas, de rígida separación social entre hombres y mujeres. Los chicos y chicas viven hoy inmersos en un mundo mucho más dinámico, en el que tienen abundante trato con el otro sexo fuera de los horarios escolares (hay entre 850 y 1.050 horas de clase anuales y el año tiene 8.760 horas; o sea, las clases suponen poco más del 10%, o del 15% si se descuentan las horas de sueño). Es razonable que haya gente que prefiera que en clase se concentren más en el trabajo académico.

Liderazgo de la mujer

Se argumenta también que, aunque haya ventajas académicas o incluso de socialización, la educación diferenciada potencia los estereotipos de sexo, porque lleva a la mujer a educarse en estereotipos de falta de liderazgo social y otros atavismos de dominio por el varón.

La realidad, sin embargo, es que, al haber sólo chicas en clase, y al no estar por tanto presente en el grupo el liderazgo más impulsivo y vehemente del varón, emerge con mucha más facilidad el liderazgo femenino y se consolidan personalidades activas que con el tiempo adquieren gran desarrollo.

Si analizamos, por ejemplo, dónde han estudiando las mujeres que han adquirido un mayor liderazgo y relevancia social y profesional en las últimas décadas en EEUU, observamos lo siguiente:

•          Nancy Pelosi, primera mujer portavoz de la Casa Blanca. Estudió en el Institute of Notre Dame, Catholic all-girls High School, una escuela solo para chicas de Baltimore, Maryland.

•          Sally Ride, primera mujer que viajó al espacio. Estudió en Westlake School for Girls, una escuela femenina de Los Angeles.

•          Madeleine Albright, primera mujer Secretaria de Estado. Estudió en Wellesley College, universidad femenina en Boston, Massachusetts.

•          Drew Gilpin Faust, única mujer Presidente de Harvard. Estudió en Concord Academy, escuela femenina de Concord, Massachusetts.

•          Condoleezza Rice, primera mujer responsable de la Seguridad Nacional y luego también Secretaria de Estado. Estudió en St. Mary’s Academy, all-girls Catholic High School, otra escuela sólo para chicas en Cherry Hills Village, Colorado.

•          Christine Todd Whitman, primera mujer gobernadora de un Estado (New Jersey). Estudió en Wheaton College, escuela femenina de Norton, Massachusetts.

•          Hillary Clinton, Secretaria de Estado. Estudió en Wellesley College, universidad femenina en Boston, Massachusetts.

Todas esas mujeres, que son las que han demostrado el máximo nivel de liderazgo nacional e internacional, estudiaron en un colegio single-sex. Podría pensarse que esto es así porque la mayoría de los colegios privados norteamericanos, de donde sale las clases dirigentes, son single-sex, pero la realidad es que sólo el 7% de esos colegios son single-sex: ¿por qué esas mujeres de mayor liderazgo han estudiado precisamente en ese 7% de colegios diferenciados y no en el 93% de colegios mixtos?

Iguales pero diferentes

El hombre y la mujer tienen la misma dignidad y los mismos derechos, pero presentan diferencias que afectan a toda su persona. El modelo educativo de la enseñanza diferenciada apuesta por una atención especializada en esas características propias de cada sexo.

Una clase sólo de niñas o sólo de niños tendrá unas características de variables emocionales, conductuales y evolutivas mucho menos dispares que una clase mixta, y cabe pensar que se podrá llegar más fácilmente a cada uno.

•          Los chicos son más deductivos y las chicas más inductivas.

•          Los chicos tienen más facilidad para el razonamiento abstracto.

•          Las chicas tienen más facilidad en la expresión verbal y el uso del lenguaje, por lo que suelen obtener mejores resultados en lecto-escritura y en todo el área de humanidades.

•          Los chicos van mejor en inteligencia lógico-matemática y en capacidad espacial, por lo que suelen obtener mejores resultados en áreas matemáticas y científicas.

•          Las chicas son más receptivas, escuchan más y manejan mejor la conversación. Tienen más facilidad para el trabajo en equipo y la interacción social.

•          Los chicos son más competitivos y dan más importancia al orden jerárquico en el grupo.

•          Los chicos se aburren con más facilidad y necesitan más estímulo para mantener la atención.

•          Los chicos tienden a ocupar más espacio físico, moverse más, tener un comportamiento inquieto y controlar peor sus impulsos.

•          Los chicos son más propensos al alboroto, la agresividad y la indisciplina.

•          Los chicos sufren en mayor proporción problemas de aprendizaje o de conducta, hiperactividad, déficit de atención, consumo de alcohol o drogas, etc. Suelen acaparar los castigos, repeticiones de curso, abandono escolar, etc.

•          Los chicos tienden a monopolizar los deportes y las chicas las actividades extraescolares y de representación.

•          Los chicos responden mejor en ambiente de mayor disciplina.

•          Los chicos suelen ser más rebeldes ante el profesor, que reacciona ordinariamente manteniendo respecto a ellos un trato más negativo que con las chicas.

Las chicas suelen ser más tranquilas, más disciplinadas y más ordenadas, mientras que a los chicos les supone un mayor esfuerzo adaptarse a los moldes establecidos en las aulas. Esto hace que los chicos disminuyan su rendimiento porque la comparación constante con las chicas les provoca un comportamiento inhibitorio. Por eso los adolescentes varones son un colectivo especialmente vulnerable y resultan especialmente perjudicados en las aulas mixtas.

Aunque podría pensarse que la presencia de las chicas favorece la disciplina escolar de los chicos, el resultado es que la conducta de los chicos en las clases mixtas suele ser más agresiva y egoísta que en las clases diferenciadas.

En el aula mixta hay más motivos de distracción e inhibición por los compañeros del otro sexo. Hay más confianza entre sexos, pero también menos respeto, más acoso sexual, estereotipos de sexo y comportamientos sexistas. En la enseñanza diferenciada, los chicos aprenden mejor a tratar a la mujer con más respeto y deferencia, cosa que hoy no está de más.

El aula mixta ha podido ser un factor positivo de cambio hace unas décadas, en una época en la que la mujer parecía destinada a ser alguien débil y dependiente del varón, pero es bastante discutible que ese modelo pedagógico hoy aporte mucho en esa línea y deba imponerse como modelo único.

En el aula diferenciada hay mayor participación al no tener el temor al ridículo ante los compañeros del otro sexo, y los resultados académicos son claramente mejores.

 

Conclusiones

En España hay numerosos tópicos en torno a la educación diferenciada. Quizá en buena parte porque se piensa que los colegios de enseñanza diferenciada son católicos, antiguos, de ideología conservadora, autoritarios y productores de traumas infantiles.

De entrada habría que decir que, si se analiza un poco la implantación actual de la enseñanza diferenciada en el mundo, en seguida se ve que se trata de un modelo que no es propio de progresistas ni de conservadores, ni de izquierdas o derechas, ni de una religión o de otra.

La realidad internacional de hoy muestra que donde más se ha desarrollado y extendido la enseñanza diferenciada es en ámbitos bastante liberales, no católicos, no precisamente de derechas y no de élites económicas.

En España hay una serie de partidos y organizaciones del ámbito de la izquierda que son hoy radicalmente opuestos a la enseñanza diferenciada. Sin embargo, como hemos visto, en bastantes países occidentales las cosas son bien diferentes, pues desde la izquierda se plantean un claro apoyo a la enseñanza diferenciada. ¿Por qué sucede lo contrario en España? No es fácil saber cuáles son sus razones más profundas, pero parece que esos partidos y organizaciones son rehenes de una inercia que no saben bien de dónde procede. Sería interesante que se debatiera con seriedad este tema pedagógico, y sobre todo que se abandonaran los tópicos, las descalificaciones y las afirmaciones dogmáticas.

¿Qué es mejor, educación mixta o diferenciada? Desde el punto de vista científico no hay evidencia clara para afirmar que la enseñanza mixta sea superior a la educación separada, ni tampoco lo contrario. Pero es obvio que un sistema donde coexistan ambos modelos satisface más la demanda de cada familia, que es quien tiene, al fin y al cabo, la responsabilidad de decidir sobre la educación de sus hijos. Lo mejor es tener la posibilidad para escoger. La democracia, el progreso, supone libertad de elección. El progresismo debería celebrar y respetar la diversidad, no imponer uniformidad.

En España, a diferencia de otros países, se tiende a ignorar la existencia de la componente sexual en el fracaso escolar. Se barajan muchas variables, la edad, la raza, el nivel económico, pero las diferencias entre el sexo masculino y el femenino apenas figuran en los estudios estadísticos. En consecuencia, no hay ninguna actuación, ni experimental ni administrativa, para dar solución a este grave problema.

Los niños se diferencian de las niñas en ritmos de maduración, en modos de comportarse, en aptitudes, actitudes y formas de aprender. Hay métodos de aprendizaje muy eficaces para las chicas y que, sin embargo, pueden tener muy modestos resultados con los chicos. Y viceversa, hay técnicas pedagógicas que fascinan a los niños, pero dejan a las niñas perplejas y frustradas. No siempre es fácil acertar con una manera de enseñar que sea eficaz para ambos sexos de forma simultánea.

Es urgente formar al profesorado, y también a los padres, en el conocimiento de las diferencias biológicas y neuronales de niños y niñas, como están haciendo en otros países con excelentes resultados. Comprender la existencia de estas diferencias biológicas entre sexos permite entender la existencia de diferentes formas de aprender en niños y niñas. Ignorar estas diferencias en la maduración, en la socialización y en las capacidades y preferencias de unos y otros, afecta en último término a la igualdad de oportunidades, que resulta mermada al impedir que niños y niñas desarrollen al máximo sus potencialidades y capacidades. “El conocimiento de cómo aprende el cerebro tendrá un gran impacto en la educación. Comprender los mecanismos cerebrales que subyacen al aprendizaje podría transformar las estrategias educativas y permitirnos su optimización” (S.Blakemore y U. Frith, Cómo aprende el cerebro, Ariel, 2006).

Frente a la presión social y mediática sobre la igualdad absoluta de los sexos, en los últimos años, científicos e investigadores de diferentes ideologías y de reconocido prestigio, nos muestran cómo existen diferencias innatas en los cerebros femenino y masculino que los dotan de habilidades cognitivas diferentes.

Ignorar la existencia de diferencias sexuales en el aprendizaje de niños y niñas está provocando la frustración, el desánimo, la incomprensión y, en último término, el fracaso escolar de muchos niños y jóvenes que a su vez puede llevar implícito, especialmente en la adolescencia, complejos de inferioridad, descenso de la autoestima, absentismo escolar, necesidad de evasión de la realidad por medio del consumo de drogas y alcohol.

La estabilidad emocional de algunos niños se ve afectada por la incomprensión a la que se ven sometidos durante la convivencia escolar constante con el sexo opuesto. Diversas investigaciones al respecto están dando cifras preocupantes de depresiones en niños y jóvenes que suelen manifestarse con un bloqueo en los estudios que nadie se explica.

Es necesario que los poderes públicos y las administraciones educativas reconozcan la existencia de unas diferencias sexuales en el aprendizaje que están siendo minusvaloradas.

Hay demasiadas personas para las que la escuela mixta es un principio incuestionable, que ni tiene ni necesita demostración. Lo ven como un dogma que deben imponer a todo el mundo por la fuerza de las leyes.

Sin embargo, la enseñanza mixta no es un principio intangible del derecho escolar, sino un instrumento para dos combates de fondo de nuestra sociedad: la igualdad de oportunidades y la transmisión de valores fundamentados en el respeto y la tolerancia. Lo importante es comprobar si está sirviendo para ello. Y en caso negativo, adoptar las medidas oportunas.