Nueva entrevista a Alfonso Aguiló, presidente de la Fundación Arenales

¿Qué nuevos proyectos ha acometido la Fundación Arenales desde la anterior entrevista (que puede leerse aquí)?

Han pasado casi dos años y ha dado tiempo a que pasen muchas cosas. Si se trata de hablar de nuevos colegios, en 2017 se incorporaron a nuestra red tres nuevas escuelas: Parets del Vallès (Barcelona), Burgos y Múnich (Alemania). Y en 2018 han sido algunas más: Miguelturra y Santa Cruz de Mudela (en Ciudad Real), Vitoria, Teruel, más dos escuelas infantiles en Madrid (Móstoles y Villalbilla) y un colegio en Oporto (Portugal) y otro en Riga (Letonia).

Entonces, casi se han duplicado en dos años, ¿no?

En número de escuelas hemos pasado de a 10 a 19. Pero en número de alumnos, aunque ya son casi ocho mil, el crecimiento ha sido menor, pues las nuevas escuelas son por lo general más pequeñas, y en bastantes casos además en una situación difícil.

¿En qué sentido difícil?

Varias de las escuelas que se han incorporado a nuestra red estaban en una situación de cierta dificultad, y en algún caso en riesgo próximo de cierre. Nuestro deseo es ayudar a que recuperen atractivo, crezcan en número de alumnos, sean sostenibles económicamente y puedan cumplir por mucho tiempo la misión con que en su día nacieron.

Tendrán entonces ustedes mucho dinero para hacer eso, ¿no?

La verdad es que nos gustaría tenerlo, y algunos piensan que realmente lo tenemos, pero por desgracia no es el caso. La mayoría de esos nuevos proyectos son acuerdos de gestión y apenas suponen inversión económica, pues nuestra filosofía incluye que cada proyecto debe ser sostenible y no queremos que ninguna escuela viva a costa de las demás. A veces ayudamos a facilitar o garantizar algún préstamo, pero siempre con idea de que se devuelva y que cada uno logre vivir de sus propios recursos: eso es importante al educar a las personas y nosotros lo aplicamos también a las escuelas. Y en los proyectos en otros países casi siempre contamos con un socio local que nos permite conocer mejor la cultura y el escenario específico de ese lugar.

Con este crecimiento tan rápido, parece que todo les sale bien…

Bueno, no todo nos sale bien, y también en este tiempo hemos tenido escuelas que han dejado nuestra red. Así ha sucedido con el Colegio Miraflores de Ourense, por motivos que sería un poco largo de explicar, y con el Colegio Juniors de Santiago de Compostela, con el que solo teníamos un contrato de asesoramiento y uso de marca, sin responsabilidad económica ni laboral por nuestra parte.

¿Han tenido otros “fracasos”?

No es la primera vez que tenemos algún revés en alguno de nuestros proyectos. Creo que es natural que unas cosas nos salgan mejor que otras. En 2013 ganamos un concurso para un centro concertado en Valladolid y tuvimos que desistir por un conflicto político que hizo imposible un colegio que había tenido una acogida entusiasta en la ciudad, con más de 400 solicitudes. En 2016 se malogró en el último momento la compra de un edificio para un colegio en Bulgaria, que hacíamos junto a un socio local, y la sede provisional que nos ofrecieron resultó inadecuada, por lo que también tuvimos que desistir.

¿Y todos los demás proyectos, cómo marchan?

Gracias a Dios, los demás proyectos marchan bastante bien y las 19 escuelas están en situación de equilibrio económico. En las primeras escuelas que empezamos, el número de solicitudes en 1º de Infantil ha crecido casi un 20% en los últimos cinco años, pese al descenso de natalidad de nuestro país. En bastantes de las últimas escuelas que hemos incorporado también ha mejorado mucho el número de solicitudes de plaza.

¿Se van a incorporar nuevos colegios?

Tenemos en el horizonte firmar un acuerdo de gestión con un nuevo colegio en Luanda, que empezará probablemente en marzo de 2019, y quizá una escuela infantil en Bucarest, y algunos otros que nos han ofrecido. Seguiremos trabajando allá donde podamos razonablemente hacerlo, y lo haremos procurando aprender de los demás y también de la experiencia que nosotros vamos acumulando.

¿Qué planteamiento tienen ustedes sobre la educación diferenciada?

La educación diferenciada es un modo de agrupamiento de alumnos con el que tenemos una buena experiencia, como la tenemos también con la educación mixta. No somos partidarios de contraponer una cosa con otra. Somos partidarios de la apertura a modos diversos de trabajar, y sobre todo somos partidarios de analizar sin prejuicios los resultados de lo que vamos haciendo. Nuestra experiencia con la educación diferenciada, que hemos aplicado solo en algunos centros y bajo fórmulas muy diversas, está siendo muy positiva. La mayoría de nuestros centros tienen solo educación mixta.

¿Qué opina sobre los grandes temas educativos que se están debatiendo ahora en la opinión pública, como la religión en la escuela, el futuro de los conciertos, etc.?

Son efectivamente los grandes temas de debate ahora, pero no creo que sean los grandes temas que deberían preocupar si se habla del futuro de la educación en nuestro país. Desde luego, no son temas relevantes a la hora de acometer y resolver el fracaso escolar, el abandono temprano, el desempleo juvenil, la falta de equidad, la situación de la formación profesional o el bajo nivel de idiomas. Creo que es imprescindible progresar de modo efectivo hacia una “cultura del acuerdo” y lograr una mejor gestión de los recursos disponibles, trabajando en ello sin excluir a nadie y sin legislar contra nadie.

¿Qué proyectos de futuro tiene la Fundación Arenales?

Seguimos con nuestra idea de cultivar con mucha atención los principios básicos que inspiran nuestro proyecto educativo, para que el crecimiento no diluya el espíritu que los ha inspirado. Queremos compartir con otros todo lo que vayamos aprendiendo, porque pensamos que la enseñanza debe ser muy abierta, y que cualquier avance debe ser compartido, para el bien de todos, como se hace ordinariamente con los avances en cualquier ciencia.

¿En qué aspectos están trabajando ahora en sus colegios?

Estamos desarrollando un plan estratégico de transformación, con la participación de más de cien personas agrupadas en diversos equipos de trabajo que están implantando diversos proyectos en las escuelas. A ese Plan de Transformación los hemos llamado “Proyecto IAM”, con las iniciales de los tres principales ejes de transformación: Innovación, Autonomía y Mentoring. Además, el acrónimo “IAM” lo pronunciamos “en inglés”, o sea, “I am” para referirnos a que con ello buscamos reflexionar sobre nuestra propia identidad, cuestión siempre decisiva en cualquier persona o institución. Esperamos mucho de todo esto, pues consideramos que las escuelas, como las personas, debemos estar constantemente buscando una transformación que nos haga redescubrir y mejorar nuestra propia identidad y nuestra misión.

Queremos ser escuelas que aprenden, que se cuestionan lo que hacen para procurar hacerlo cada vez mejor. Escuelas con una inteligencia compartida, porque somos mucho mejores juntos que solos. Así mejoraremos como institución y al tiempo mejorarán las personas que trabajan en ella. Queremos por eso impulsar un liderazgo compartido que nos haga sentir a todos protagonistas de las decisiones. En fin, buscamos un modelo de transformación para alinear la visión, la organización y la cultura de la organización a los nuevos retos que se presentan en el horizonte.

¿En qué sentido habla de nuevos retos?

Vivimos tiempos de cambio, que transformarán la sociedad, las instituciones, el modo en que interactuamos, el modo de educar. Porque no solo cambian los medios, cambian las personas a las que nos dirigimos, la cultura, la sensibilidad, los intereses, las motivaciones. Además, el profesor y el libro ya no son fuente y cauce principal del conocimiento. Pero el profesor será en el futuro aún más necesario. Lo más relevante será contagiar la pasión por seguir aprendiendo, cuestionando e innovando. Es vital la dinámica del aula, porque la interacción está muy vinculada al aprendizaje. Es vital generar estrategias que garanticen la atención. Es vital que sepan analizar, contrastar, criticar, contextualizar. Es vital que lo que aprendan les aporte valor y les haga mejores y más comprometidos. Por todo eso, no queremos una “foto fija” en métodos o técnicas didácticas o contenidos. En cada momento o situación caben soluciones diferentes, lo esencial es buscar las mejores, y la educación personalizada exige adaptarse a la diversidad de personas y de estilos de aprendizaje, a las nuevas sensibilidades y a las nuevas tecnologías.

¿Y en cuanto a la estructura de la Fundación Arenales?

También hemos tenido que crecer. Siempre hemos querido que nuestra estructura central sea mínima, por razones de austeridad y sobre todo para que lo que se haga desde los servicios centrales responda a una clara necesidad y sean servicios que añadan valor a las escuelas. A la vez, queremos establecer procedimientos que ayuden a que eso sea más fácil, y por eso hemos ido creando una pequeña estructura, con un responsable de cada área: financiera, jurídico, recursos humanos, marketing, infraestructuras, etc. Pensamos mucho en cómo prepararnos para ayudar a los colegios que se incorporan a nuestra red para que se sientan ayudados y acompañados.

¿Quiere añadir algo más?

Ahora empiezan las clases de este nuevo curso y no quisiera finalizar sin dar la bienvenida a todos, y agradecerles que cada día vayan construyendo lo que hoy es esta red de colegios, porque la calidad de una escuela depende sobre todo del empeño de las familias, de los profesores y de los propios alumnos. A ellos le debemos lo que somos y lo que podemos llegar a ser.