“Es precioso poder ejercer una profesión tan científica y a la vez tan humana”.

Hablamos con Beatriz Fra, alumni de la 4ª promoción de Alborada, que estudio Enfermería y que ahora trabaja en la UCI del Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares.

¿Por qué estudiaste enfermería?
Estudié enfermería porque me apasionaba el trabajo con la gente, quería que aquello que estudiara me diera la posibilidad de acercarme a las personas, ayudarlas y cuidarlas en sus necesidades. Es cierto que cuando comencé no conocía lo que realmente es la Enfermería y poco a poco, en la Universidad y sobre todo gracias a las prácticas que he ido realizado he podido conocer lo que realmente es ser enfermera. Me entusiasmaba al pensar en formar parte de una profesión tan bonita que su mayor responsabilidad es cuidar y apoyar a la persona en todas las circunstancias de su vida. Es precioso poder ejercer una profesión tan científica y a la vez tan humana.

¿Qué dirías a los alumnos que termina bachillerato, ante las dudas de elegir estudios?
Que le den la importancia que tiene, ni más ni menos. Que no tengan miedo a equivocarse, lo importante es lanzarse y tener claro los objetivos y las prioridades de tu vida. Más que aquello que quieres estudiar o donde trabajar deben pensar en aquello que realmente les importa, aquello por lo que van a entregar su vida. La carrera y el trabajo no va a ser el fin de su vida, ni les va a otorga la felicidad, debe ser un medio para conseguirlo. Todo sirve para algo, de todo se aprende.

¿Crees que deben tener criterio propio en la vida universitaria, que les espera a la mayoría?
Es fundamental tener criterio propio, tener claros tus valores e ideales y aferrarte a ellos. Por supuesto que hay que saber escuchar y aprender de otros, pero es esencial desarrollar un pensamiento critico para no ser como ovejitas que asimilan y se adaptan a todo lo que nos dice. Para mi ha sido clave poder apoyarme en mi familia y en personas que realmente quería y confiaba y que eran referentes para mi para contrastar siempre lo que en la Universidad y, en general, el mundo nos ofrece. No ser conformistas, buscar siempre la Verdad. Y precisamente por ello, y para tener un buen criterio de discernimiento, para que no nos adoctrinen con ideologías que distorsionan la verdad, creo que es fundamental formarse adecuadamente y de forma integral, no solo en el ámbito profesional. Si queremos tener una vida grande, tenemos que empezar por tener grandes ideales y luchar por ello.

Tienes un contacto diario con la enfermedad, el dolor. ¿Puedes aportar algo de luz a estos temas tan importantes para el hombre?
Creo que es muy necesario entender que la enfermedad y el dolor no es opuesto a felicidad. Entender que la vida está para entregarla y que el sufrimiento tiene valor. La persona no deja de ser persona por tener dolor o incluso por estar en una UCI sedada. Me impresiona muchísimo ver como cambia la vivencia de la enfermedad cuando las personas entienden el valor que tiene el sufrimiento, más aún viviendo el sufrimiento desde la luz que nos da la fe. No podemos aspirar a una vida sin cruz, pero la cruz cambia al entender que allí está Jesucristo y que desde la cruz se mira al Cielo, la verdadera meta de nuestra vida. No significa que sea fácil, pero es necesario. Cuando era adolescente me impresionó muchísimo la vida de una joven de nuestra parroquia que murió con cáncer con 24 años, murió feliz y con una paz inmensa. Podéis ver su testimonio aquí: https://www.youtube.com/watch?v=zURznr52ucY

¿Nos puedes contar alguna anécdota de tu cuidado a los enfermos?
Son muchos los momentos en mi trabajo donde doy gracias a Dios por ponerme en un lugar tan privilegiado. Leer en los labios de un paciente, que aún no puede hablar, la palabra gracias. Verlos sonreír, que te agarren la mano antes de alguna técnica difícil. Ser testigo de una videollamada con la familia después de muchos días aislados te hace sentir muy privilegiada, porque aprendes a valorar las pequeñas cosas y a darte cuenta que lo importante en la vida está oculto en las pequeñeces de la vida ordinaria.

¿Crees que los valores humanos y espirituales, que se inculcan en Alborada a los alumnos, tienen alguna utilidad luego en la vida profesional?
Estoy convencida de ello. Para mí, afrontar el día a día en el trabajo, el sufrimiento, la carga que tenemos con el Covid (física y emocional) sería mucho más pesada sino fuera por poder descargar todo en el Señor, en la fe que ha ido madurando y creciendo pero que se fortaleció en la capilla del Colegio. Y sin duda, los valores de generosidad, entrega, compañerismo, responsabilidad, que me inculcaron en el colegio siguen siendo fundamentales a día de hoy. Muchas veces con los compañeros del trabajo o con distintas amistades comparto la alegría que fueron para mis los años de colegio donde realmente experimentabas a tus compañeras y a los profesores como otra familia.

¿Haces otras cosas además de trabajar en una UCI, “Que no es poco…”?
Me gusta mucho leer, ver películas, salir con mis amigos, pasar tiempo con mi novio, supongo que como todos. Además, gran parte de mi tiempo se lo dedico a Dios, en Él encuentro las fuerzas y la alegría para todos los días. Voy a Misa todos los días y dedico ratos largos a hablar con Él. Pertenezco a un grupo dentro de la Iglesia llamado Hogar de la Madre, al cual estoy muy vinculada y con el cual intento vivir mi apostolado, realizando distintas actividades. También en mi parroquia soy muy activa, dando catequesis y colaborando como se necesite, allí también tengo un grupo de jóvenes con los cuales paso gran parte de mi tiempo libre. Y como todos, intento disfrutar del día a día rodeado de la gente que te quiere. Mi experiencia es que cuánto más me entrego más feliz soy, mi corazón realmente vive cuando me doy a los demás, que la vida que no se entrega se pudre.

¿Qué opinas de “Vivir como se piensa” o de “pensar cómo se vive”?
Creo en la unidad de la persona, por lo tanto, es imposible separar el actuar del vivir. Madurar es aprender a integrar tus acciones con tus pensamientos. Muchas veces en el trabajo me dicen que debería separar mi fe y mis valores de mi forma de trabajar. Creo que eso es imposible. Beatriz solo hay una, no puedo separar mi brazo de mi cuerpo igual que no puedo separar mi alma de mi cuerpo. Cuando actúo lo hago con todo lo que soy, y por supuesto en ello también está involucrado mis valores más profundos. Además, creo que podemos contribuir mucho más a la sociedad cuando aportamos algo de lo que realmente somos, de lo que pensamos y no nos dejamos llevar por lo que todo el mundo hace o dice. Lo que hace hacemos nos configura como personas, nos vamos construyendo con nuestros actos de cada día, como bien nos enseñan en Alborada.

¿Alguna vez en el colegio, has sentido algún tipo de discriminación por el hecho de ser mujer?
Nunca me he sentido discriminada por ser mujer, evidentemente era diferente lo que se vivía en el edificio de chicos que en el de chicas, pero jamás mi dignidad se ha visto alterada por que mis hermanos hicieran cosas diferentes en otro edificio. Ser mujer y ser hombre son cosas diferentes, la dignidad es la misma, pero es evidente que no somos iguales. Pero precisamente en eso consiste la igualdad y la justicia, no en tratar a todos del mismo modo, sino dar a cada uno lo que necesita. Estoy muy orgullosa de ser mujer y doy muchas gracias por la educación que se me ha dado en favor de mi dignidad como mujer.

¿Cómo ves tu futuro, profesional, personal, a corto y medio plazo?
A corto plazo seguir formándome profesionalmente y seguir trabajando, buscando en toda la mejor forma de servir al otro. Pero también buscando el modo de poder realizarme como mujer, en mi caso, escogiendo la mejor forma de poder compaginar mi trabajo con una vida familiar. Creo que la entrega que se me pide es ser esposa y madre, y el trabajo que busco espero que sea un medio para conseguir llevar a cabo esta entrega y realizar la vocación al amor que está inscrita en mi corazón. JavierB