EDUCACIÓN
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Con solo 16 años, Carla Garrido compagina con éxito 1.º de Bachillerato en Alborada y la competición de motocross. Criada entre motos desde la infancia, afronta cada carrera con disciplina, serenidad y pasión. En esta entrevista habla de sus inicios, los desafíos del deporte y el equilibrio entre estudios y competición.
Autoría: Carla Garrido
28 de junio del 2026
5 min de lectura

¿Cómo recuerdas aquella Navidad en la que, con solo cinco años, recibiste tu primera moto de 50 cc?
Aunque han pasado varios años, lo recuerdo perfectamente. Bajé las escaleras hacia el salón y vi una moto junto al árbol de Navidad. Me quedé completamente sorprendida y emocionada porque era justo lo que había pedido. Después empecé a abrir el resto de los regalos y descubrí que también me habían regalado mi primer equipamiento completo: el casco, las botas, el peto y todas las protecciones necesarias.
El motor siempre ha estado muy presente en tu familia. ¿Qué papel jugaron tus padres para que dieras el paso a la competición?
Mi familia siempre me ha apoyado en todas las decisiones que he tomado dentro del mundo del motor. Tengo la suerte de que nunca me han impuesto nada. Es verdad que, al haber crecido en este ambiente, mis decisiones siempre han sido bastante naturales.
Mis padres siempre me animaron a competir, pero nunca con la obsesión de ganar, sino con la idea de disfrutar, pasarlo bien y mejorar poco a poco. Cuando decidí competir por primera vez, en 2025, mi padre dirigía ese campeonato, lo que me daba mucha tranquilidad. Aunque estuviera trabajando, sabía que estaba allí, y además contaba con el apoyo de mi madre, mis tíos y varios amigos.
¿Cuándo te diste cuenta de que querías competir y no limitarte a montar por diversión?
Siempre he estado rodeada de personas que competían o habían competido. Con el tiempo, muchos amigos cercanos también dieron el paso y eso despertó aún más mi interés.
Aunque no existe un nivel mínimo para competir, sí necesitas cierta preparación. Poco a poco fui mejorando hasta sentirme preparada. No fue una decisión por presión social, sino porque realmente quería vivir esa experiencia.
Para quien no conoce el motocross, ¿cómo describirías la adrenalina de este deporte?
Es una sensación constante de emoción. Combina diversión, velocidad, nervios y la necesidad de mantener el control en todo momento.
Hablas de obstáculos como las olas, los whoops o las mesetas. ¿Cuál es tu favorito y cuál requiere más técnica?
Mi obstáculo favorito son las mesetas porque son los saltos más sencillos y los primeros que aprende cualquier piloto. Están presentes en prácticamente todos los circuitos y, aunque pueden variar en dificultad, son muy agradecidos.
En cambio, las olas o whoops son, sin duda, los obstáculos más técnicos. Consisten en una sucesión de pequeños montículos que exigen una técnica muy específica. Muchos pilotos optan por rodearlos o saltarlos de dos en dos porque dominarlos resulta muy exigente físicamente. Solo los pilotos de máximo nivel, como los que compiten en campeonatos del mundo o de Europa, suelen ejecutarlos con total soltura.
¿Cómo te adaptas durante una carrera cuando el circuito se va deteriorando con el paso de las motos?
A medida que avanza la carrera, el circuito cambia constantemente. Aparecen nuevos baches, los que ya existían se hacen más grandes y surgen trazadas diferentes. Cada piloto busca la línea que le permita perder menos energía y mantener un buen ritmo durante toda la carrera.
El terreno cambia continuamente —barro, polvo o arena—. ¿Cómo adaptas tu conducción?
Cada tipo de terreno requiere una técnica distinta. Voy modificando mi postura sobre la moto y mi forma de pilotar hasta encontrarme cómoda. Además, cada piloto tiene superficies en las que se siente más fuerte que en otras.
Entrenamientos y dos mangas el mismo día suponen un gran esfuerzo. ¿Cómo te recuperas entre una y otra?
Es importante llegar físicamente preparada. Entre mangas intento descansar al máximo y evitar esfuerzos innecesarios para conservar energía antes de volver a salir a pista.
¿Qué pasa por tu cabeza cuando estás en la parrilla de salida junto a casi cuarenta pilotos?
Lo primero que piensas es en evitar una caída, especialmente en la salida, cuando todos arrancan al mismo tiempo. Personalmente, también pienso en que no me ocurra nada para no preocupar a mi familia y a los amigos que han ido a verme. Después intento centrarme únicamente en disfrutar de la carrera.
¿Cómo entrenas la concentración para evitar errores bajo tanta presión?
En motocross es importante mantener una mentalidad muy fría. Al ser un deporte individual, intento centrarme únicamente en mi pilotaje, sin pensar en los demás. Eso me ayuda a cometer menos errores y a mantener el control durante toda la carrera.
Compaginar 1.º de Bachillerato en Alborada con el motocross no debe de ser fácil. ¿Cómo organizas tu semana?
Siempre he tenido claro que los estudios son la prioridad. Si no tengo exámenes ni trabajos importantes, puedo entrenar entre dos y tres días por semana. Si hay trabajos pendientes, reduzco los entrenamientos a uno o dos días. Y cuando se acercan los exámenes, dejo de entrenar para dedicar todo el tiempo al estudio.
¿Cómo consigues rendir en los exámenes después de un fin de semana de competición?
No suele coincidir, pero cuando ocurre consigo separar muy bien ambas facetas. Tengo facilidad para desconectar de las carreras y concentrarme en los estudios, por lo que mi rendimiento académico no se resiente.
¿Has tenido que renunciar a planes con amigos para mantener el nivel en ambas facetas?
Sí. En varias ocasiones he tenido que rechazar planes o renunciar a parte de mi tiempo libre para poder cumplir tanto con los entrenamientos como con los estudios.
¿Qué valores del motocross aplicas también en tu vida académica?
Sobre todo, la disciplina. Este deporte me ha enseñado a organizar mi tiempo, planificar los entrenamientos, preparar las carreras y compaginar todo ello con las horas de estudio. Esa capacidad de organización es una de las enseñanzas más valiosas que me ha dado el motocross.
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