EDUCACIÓN
EDUCACIÓN
Después de pasar tres semanas en Kinshasa del 1 al 23 de agosto, en la República Democrática del Congo, y ya de vuelta en casa, todavía me cuesta poner en palabras todo lo vivido. Son tantas las emociones, los momentos y las lecciones que se agolpan en mi cabeza que resulta muy difícil ordenarlas. Lo cierto es que ha sido una experiencia tan intensa que, por más que intente describirla, sé que nunca llegaré a transmitirla por completo.
Autoría: Ana Cámara
03 de octubre del 2025
3 min de lectura

Lo que sí tengo claro es que esta experiencia me ha hecho mirar mi propia realidad con otros ojos. En España también tenemos dificultades, eso es innegable, pero al comparar nuestra vida diaria con lo que he visto en Kinshasa, todo adquiere otra dimensión. Allí, la pobreza no es un concepto abstracto: es una lucha diaria por conseguir lo más básico, como la comida o el acceso a un médico. Y, sin embargo, lo que más me impactó fue la fortaleza de las personas, su capacidad de sonreír, de compartir y de mantener la esperanza incluso en medio de tanta necesidad.
No solo han trabajado sin descanso para atender a quienes lo necesitaban, sino que además han compartido sus conocimientos con la gente de allí, enseñándoles prácticas básicas de salud, higiene y cuidados que pueden marcar la diferencia en su día a día. Han sido un ejemplo de entrega, humanidad y profesionalidad. Gracias a su esfuerzo, muchas personas han recibido atención médica que de otro modo no hubieran tenido, y lo más importante: han dejado un aprendizaje que puede perdurar en el tiempo.
Aunque el apoyo es necesario, comprendí que la raíz de muchos problemas está en la falta de oportunidades. La educación es la base para transformar esta realidad: solo mediante el conocimiento y las herramientas adecuadas podrán abrirse caminos hacia un futuro diferente. Brindar acceso a la enseñanza, tanto a niños como a adultos, significa ofrecer una verdadera salida al ciclo de la pobreza.
Regreso con la certeza de que cada gesto cuenta. Que el trabajo de los voluntarios, la educación son caminos que pueden cambiar vidas. Y también con una convicción muy personal: estas experiencias no solo transforman a quienes reciben la ayuda, sino también a quienes la damos. El Congo nos ha enseñado a valorar lo invisible: el tiempo compartido, la alegría simple, nos enseñó que la empatía no necesita idioma ni idioma común.
Por eso quiero agradecer de corazón a Monkole Fundación Amigos de Monkole la oportunidad que nos ha brindado de vivir esta experiencia única de conocer todos los proyectos que se llevan a cabo allí como son: Proyecto Elikia, Escuela de Enfermería de Monkole, Proyecto de Nutrición, becas escolares para niños de los orfanatos…he tenido la oportunidad de conocer las historias durísimas de niños de diferentes orfanatos y como son capaces de seguir adelante.
Gracias Monkole por confiar en nosotros, por enseñarnos tanto y por recordarnos que aún en los contextos más difíciles, el compromiso la dignidad y el amor marcan la diferencia.
Gracias a su trabajo incansable, a su compromiso con la salud y la formación, que hacen posible que muchas personas en Kinshasa tengan una vida más digna.
Ojalá que todos, desde donde estemos, podamos sumar nuestro granito de arena. La solidaridad no siempre significa viajar lejos; también puede expresarse apoyando proyectos, difundiendo realidades o simplemente mirando a los demás con más empatía. África necesita ayuda, sí, pero sobre todo necesita esperanza, educación y oportunidades. Y en eso, todos podemos colaborar.
Las 3 semanas en el Congo quedaron atrás en el calendario, pero siguen vivas en nosotros, porque algunas vivencias no se miden en días, sino en el impacto que dejan.
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Somos un colegio que pertenece a la Red Educativa Arenales. Aquí buscamos la excelencia académica, pero también la humana, porque una buena persona suele ser un buen profesional. Por eso el respeto a los demás, a uno mismo, el trabajo bien hecho, son valores humanos y cristianos que inculcamos en nuestros alumnos de la mano de sus padres. Tenemos el ambicioso objetivo de servir a la sociedad, a las familias y a los alumnos.
Alborada es el primer colegio de la Red Educativa Arenales. En estos momentos la red la componen más de 30 centros educativos distribuidos por todo el mundo. Todos ellos asumen un modelo de competencias y valores llamado IAM (Innovación, Autonomía, Mentoring). Así como incorpora el código de buenas prácticas, el reglamento de régimen interno y el plan de igualdad. Todos ellos documentos que tienen su origen en años de experiencia y buscan garantizar la equidad, la inclusión y la igualdad.
IAM es un programa de transformación con el que buscamos ser centros educativos de vanguardia en el siglo XXI. Este programa se divide en tres grandes ejes: Innovación: buscamos ser una organización abierta y en permanente comunicación con el mundo en el que vivimos. Autonomía: ayudamos a cada uno de nuestros alumnos a tomar las riendas de su vida, a ser personas autónomas. Mentoring: cada uno es protagonista de su propia educación y, a la vez, colabora de las de los demás.
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