Pasa desapercibido en el evangelio

En 1966 el Óscar a la mejor película se lo llevó la multipremiada A man for all seasons, traducida en España como “Un hombre para la eternidad“, y que versa sobre la vida de Santo Tomás Moro. Acabamos de celebrar un año de San José, el Papa acaba de concluir su catequesis sobre él, que complementa su carta Patris Corde, y celebramos el 19 de marzo su fiesta. ¿Tan importante es San José? Creo que el título «a man for all seasons» sirve de respuesta, porque él es un santo, un modelo, un referente, para toda época, y más si cabe, para nuestra época.

Un producto audiovisual más reciente, una serie en este caso de gran éxito, es The Mandalorian, situada en el mundo de Star Wars. El protagonista es un cazarrecompensas que protegerá a un “niño” al que se le ha puesto precio. No deja de ser curioso que el personaje principal se pase toda la serie con un casco que nos impide verle la cara. Y aun así, ¿por qué atrae? Obviamente, no es por su apariencia sino por cómo cumple su misión de proteger, cuidar y sostener.

Algo parecido ocurre con San José. Pasa desapercibido en el Evangelio, no ha quedado recogida ninguna palabra suya, pero su misión fue crucial. Creo que lo resume admirablemente la oración que el Papa Francisco compuso: “Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre…”.

¡Qué necesario es hoy que aprendamos de él y que acudamos a su protección! Primero los padres de familia: ante la actual crisis de la familia y las tristes noticias de violencia contra la mujer San José nos enseña en qué consiste ser hombre realmente. En él se cumplen las palabras que San Pablo dirigiría a los esposos: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella”.

Y como él, los padres y madres de familia han de ser la guía inestimable para que los niños se forjen como auténticos hombres y auténticas mujeres.

En definitiva, a todos Dios nos confía personas a las que cuidar, proteger, sostener. Por eso, necesitamos, especialmente en nuestro tiempo, la ayuda del santo Patriarca: “Oh bienaventurado José, concédenos gracia, misericordia y valentía y defiéndenos de todo mal. Amén”.

Don Arturo Garralon

Capellanía de Alborada