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Intercambio Koblenz-Alcalá 2023

EDUCACIÓN

Intercambio Koblenz-Alcalá 2023

La primera vez que Britta nos habló de hacer un viaje a Alemania de intercambio teníamos 13 años. Siempre nos decía: ‘Cuando estéis en 1º de Bachillerato, os podréis ir conmigo a Alemania de intercambio, si seguís en alemán’. Para unas chicas de 2º de la ESO, la idea de viajar al extranjero solas, vivir 8 días con una familia desconocida que no hablan tu idioma… era absolutamente impresionante.

Autoría: Elena Pastor

03 de julio del 2023

5 min de lectura

El caso es que, no sé muy bien cómo, ya tenemos 17 años y aunque ya llevé una semana en España, no paro de pensar en los increíbles días que hemos pasado en Alemania, que, aunque solo hayan sido 8, parecen meses…

‘Fuimos a aprender el idioma, y descubrimos a las personas que lo hablan’: Intercambio Alcalá-Koblenz 2023

Y es que efectivamente, en la semana del 14 al 22 de junio, 26 alumnos de alemán de 1º de Bachillerato realizaron la segunda parte del intercambio Alcalá-Koblenz 2023.
La primera parte se efectuó en abril, cuando los estudiantes del Bischöfliches Casanus Gymnasium vinieron a Alcalá.

En junio fuimos nosotros los que hicimos las maletas, nos subimos al avión y nos plantamos en Koblenz, una ciudad de unos 120.000 habitantes al oeste de Alemania.

Al igual que hicimos nosotros, nuestros amigos alemanes y sus familias nos acogieron en sus casas durante unos días. Unos días, que como os podéis imaginar, han sido de no parar. El objetivo de este intercambio es que ambas partes puedan tener una experiencia lingüística completamente inmersiva, viviendo con familias alemanas, y así poder crear amistades con personas que hablan un idioma diferente que puedan alargarse durante años.

Si tengo que empezar por algo, creo que os voy a describir cómo es Koblenz, la ciudad que nos ha acogido estos días. Koblenz está situada entre Frankfurt y Colonia, y es un gran puerto fluvial, pues se halla justo en la confluencia de los ríos Rin y Mosela. Este hecho es lo que marca a toda la ciudad, el Rin deja a su paso kilómetros de tierras fértiles que rodean a Koblenz. Unas tierras tan fértiles, tan llenas de bosques y de campos, que son considerados Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO… Pero no solo por sus características naturales, sino por el paisaje que nos ofrecen los múltiples monumentos que hay en su ribera, como varios castillos de cuento de hadas, una de las fortalezas más antiguas de Alemania, … Y por supuesto, la Deutches Eck, un monumento que recuerda a una enorme proa de un barco, que se alza en la desembocadura del Mosela en el Rin. La mayoría de nosotros nos alojamos en distintos pueblecillos que se esparcen a lo largo de las riberas de ambos ríos, en las cercanías de Koblenz, cada uno con su encanto particular.

El primer día, cuando llegamos al aeropuerto de Madrid Barajas, los nervios y la emoción se podían palpar en el ambiente. ‘¡Qué nos vamos a Alemania!’ -nos gritábamos los unos a los otros. Tras sentirnos las personas más adultas y responsables del mundo por conseguir facturar una maleta, pasar el control de seguridad y localizar la puerta de embarque, nuestro avión despegó y en un abrir y cerrar de ojos estábamos en Frankfurt. Tras perder alguno que otro tren y un poco de estrés, llegamos a la estación de Koblenz a unas horas razonables para los españoles y escandalosas para los alemanes (las 21:30) Allí fuimos recibidos con igual emoción y nervios que nosotros mismos teníamos. Algunos se reencontraron con aquellos a los que habían acogido en España, otros, como yo, por distintas circunstancias, íbamos a lo desconocido y fue en ese momento cuando conocimos a los estudiantes que nos iban a acoger.

Tras romper el hielo inicial, cada uno se fue a su casa a cenar con su familia. De los días posteriores, cada uno podrá contar su experiencia particular… De lo que no cabe duda, es que cada día fue una aventura. Entre las excursiones más destacadas, podemos hablar de nuestra visita grupal a Colonia. Su imponente catedral nos recibió por todo lo alto, nunca mejor dicho, pues sus góticas torres son las terceras más altas de Europa. No hay duda de que la catedral de Colonia es un auténtico tesoro arquitectónico, su silueta se alza sobre la ciudad despuntando hasta el cielo. Los que tuvimos ocasión de subir los 533 escalones que permitían llegar hasta arriba, tampoco nos quejamos de la perspectiva que nos dio del Rin serpenteando entre la ciudad. El fin de semana fue libre, cada familia hizo planes distintos, unos visitamos Bonn, otros Frankfurt, otros los mágicos castillos, la impresionante fortaleza, breves cruceros por el Rin… Entre semana, hubo otros planes grupales, como atravesar el Rin en teleférico, Gymkhanas, comidas grupales, o simplemente callejear por Koblenz todos juntos.

Lo más especial de hacer turismo durante un intercambio, es que puedes adquirir una visión mucho más ‘nativa’ de los lugares que se visitan, y puedes hacer actividades que nunca se te habría ocurrido hacer si estuvieras alojado por tu cuenta en un hotel, por ejemplo, hacer picnics en el río, o ir a festivales y fiestas tradicionales en los pueblecillos, etc… No obstante, lo más sorprendente es poder tener la experiencia de tener una vida alemana, convivir con una familia alemana durante días. Despertarse una mañana de domingo, subir a desayunar con toda la familia en el jardín mientras escucháis la radio en alemán, comprobar si solo comen salchichas a la hora de la cena es cierto o es un mito… Al principio puede parecer difícil saber de qué hablar, pero de alguna manera, las palabras van saliendo poco a poco y al final, termináis todos echándoos unas risas al ver lo que te cuesta construir tres frases en alemán seguidas… Y es que todo esto te da una perspectiva más auténtica, más inmersiva, completamente única, y aunque no pares de hacer el ‘guiri’, puedes llegar a sentirte un poquito alemán.

Finalmente, creo que hablo por todos cuando digo que nos llevamos mil recuerdos, mil anécdotas y mil momentos para recordar toda la vida. He descubierto que puedo hacer mil cosas que no sabía que podía hacer, me he obligado a mí misma a ser autónoma, a ser un poco más independiente. Hemos hecho mil amigos, por primera vez en mi vida, he construido verdaderas amistades con personas que no hablan mi idioma. Han sido unos días de aventuras sin fin, hemos vivido en un ambiente completamente diferente al nuestro, días que siempre recordaré llenos de energía y vida, que derrochaban juventud y ganas de hacer cosas… Días en los que el idioma que menos horas ha recibido es el español, días en los que hemos reído, caminado hasta que nos han dolido los pies, y días en los que hemos llorado… La despedida fue algo digno de ver: 50 adolescentes apalancados en el hall del colegio, negándose a mover sus maletas, la mitad llorando abrazados, mientras que Britta entraba y salía gritando: ‘¡Ya es hora de irse!’

Un intercambio es una experiencia inolvidable, que todo el mundo debería vivir al menos una vez en la vida. ¿Y sabéis por qué? Porque descubriendo un idioma, hemos descubierto a las personas que lo hablan, y eso… no tiene precio.

Pincha aquí para leer el artículo sobre la primera parte del intercambio.

¡Muchas gracias a Britta por habernos dado esta oportunidad! Y sobre todo, ¡muchas gracias a todas las familias alemanas que nos han acogido! Nos habéis hecho un regalo inolvidable.

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