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El Viaje Final: Roma Inolvidable

EDUCACIÓN

"El Viaje Final: Roma Inolvidable"

El último mes que he pasado siendo estudiante de Alborada ha sido una auténtica aventura. No nos ha dejado ni un respiro: exámenes finales, graduación, fiestas, EVAU, notas… y el culmen de todo ello, el viaje de fin de curso a Roma de 2º de Bachillerato.

Autoría: Elena Pastor

26 de junio del 2024

5 min de lectura

Apenas habíamos finalizado la temida EVAU, cuando partimos hacia el aeropuerto Madrid Barajas: un grupo de cincuenta adolescentes sobre-excitados y cuatro profesores resignados a aguantarnos a todos por última vez. Tras una interesante excursión por el control de aduanas y comprobar los escandalosos precios de las botellas de agua en la T4, nos subimos al avión que nos llevaría a la ciudad eterna: Roma.

Y es que verdaderamente Roma es y será eterna.

Pero… ¿qué significa esta expresión? Pues antes habría dicho que hace referencia a que es una de las ciudades más destacadas en todas las etapas históricas.

Pero ahora le doy otro significado: Roma es eterna en la memoria de quiénes la visitan.

A eso nos dedicamos nosotros durante tres días: a convertirla en eterna en nosotros. Lo hicimos de muchas maneras. En primer lugar, la evidente: recorrer cada una de sus calles y monumentos… Imaginamos las luchas del Coliseo, paseamos por el foro, nos quedamos boquiabiertos al ver la Basílica de San Pedro, arrojamos nuestras monedas a la Fontana di Trevi, nos sentamos en la Piazza Spagna, valientemente metimos la mano en la Boca de la Veritá, nos asombramos con el palacio de Victor Manuel II y quedamos encantados en la bohemia Trastévere. Incluso pudimos oír al Papa Francisco en una audiencia en el Vaticano. Además de admirar obras de arte únicas, como esculturas de Miguel Ángel o cuadros de Caravaggio. Roma es sin duda la capital del arte occidental, tiene lo mejor de cada estilo: arte grecolatino, renacentista, barroco, neoclásico…

Pero lo que de verdad ha hecho a Roma eterna no son sus monumentos ni sus calles, sino las personas que las recorrieron conmigo. Personas que se encuentran en un momento vital y se aferraron a esos últimos momentos juntos, esos últimos momentos previos a convertirse en adultos. No, nunca olvidaré a la cúpula de San Pedro perfilándose en el cielo, tan alta que pareciera que quisiera besar a las nubes. Pero sobre todo, nunca olvidaré las caras de mis compañeros cuando la vimos. Igual que nunca olvidaré los chistes en aquellas cenas en Termini, cómo bailamos todos juntos esas canciones de Rafaella Carrá (sí, sí, profes incluidas), las caras somnolientas de mis compañeras en los desayunos, ese brindis con Limoncello, las risas de mis compañeros en ese autobús tan ‘petao’ en el que nos tuvimos que apretujar, las caras de los transeúntes al escuchar cómo cantábamos al unísono ‘Qué vivaaa España’ o los susurros de mis amigas cuando empezaron a mover colchones por el pasillo de madrugada… (Creo que no despertamos a nadie, tranquilos)

En toda aventura hay enemigos y contratiempos. En nuestro caso, el gran villano de la película fue el transporte público romano, que nos trajo cientos de anécdotas para contar. Y es que cuando se viaja con los compañeros, las circunstancias no siempre son las más confortables, sin embargo, eso es lo que lo hace especial.

Cuando pienso en este viaje, en mi mente resuena a voces una palabra: agradecimiento. Agradecida al colegio que nos ha visto crecer y nos ha ofrecido este broche final. Agradecida a los profesores que nos han acompañado y han hecho una doble función: por una parte han conseguido que cincuenta adolescentes puedan disfrutar de Roma y no morir en el intento. Pero por otra, nos han mostrado a las personas que hay detrás de esa figura docente, que tantas ganas teníamos de conocer.

Pero ante todo, estoy agradecida a esos compañeros que llevan conmigo desde que tenía tres años. Esos compañeros que hacen imposible sentir miedo o pena, que nos sacan una sonrisa incluso en los momentos más angustiosos. Esos compañeros a los que abracé en la salida de la T4 mientras se me saltaban las lágrimas, a los que hice prometer que irían a las reuniones de alumni. Esos compañeros a los que no pensé que fuera a echar de menos hasta que les vi salir con su maleta hacia el parking del aeropuerto, sabiendo que no iba a haber un curso siguiente.

A ellos, a vosotros (porque espero que me estéis leyendo), os estoy eternamente agradecida. No hay de qué preocuparse, porque sé que todos echamos nuestros ahorros a la Fontana di Trevi y volveremos a Roma (si es que Don Manuel vuelve a encontrar una tarifa de grupo tan buena: desde aquí le mandamos un saludo).

Lo que ha hecho a Roma eterna, es la vivacidad de una juventud que siente que no tiene tiempo que perder, y que se da cuenta de que lo que no haga ya, no lo va a hacer nunca.

Me despido sabiendo que ahora, más que nunca, nos hemos afianzado como una familia.

¡Muchas gracias por estos años, familia Alborada!

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Preguntas frecuentes

¿Qué nos identifica en el Colegio Alborada?

Somos un colegio que pertenece a la Red Educativa Arenales. Aquí buscamos la excelencia académica, pero también la humana, porque una buena persona suele ser un buen profesional. Por eso el respeto a los demás, a uno mismo, el trabajo bien hecho, son valores humanos y cristianos que inculcamos en nuestros alumnos de la mano de sus padres. Tenemos el ambicioso objetivo de servir a la sociedad, a las familias y a los alumnos.

¿Qué aporta que el colegio Alborada pertenezca a Arenales Red Educativa?

Alborada es el primer colegio de la Red Educativa Arenales. En estos momentos la red la componen más de 28 centros educativos distribuidos por todo el mundo. Todos ellos asumen un modelo de competencias y valores llamado IAM (Innovación, Autonomía, Mentoring). Así como incorpora el código de buenas prácticas, el reglamento de régimen interno y el plan de igualdad. Todos ellos documentos que tienen su origen en años de experiencia y buscan garantizar la equidad, la inclusión y la igualdad.

¿Qué es el modelo IAM?

IAM es un programa de transformación con el que buscamos ser centros educativos de vanguardia en el siglo XXI. Este programa se divide en tres grandes ejes: Innovación: buscamos ser una organización abierta y en permanente comunicación con el mundo en el que vivimos. Autonomía: ayudamos a cada uno de nuestros alumnos a tomar las riendas de su vida, a ser personas autónomas. Mentoring: cada uno es protagonista de su propia educación y, a la vez, colabora de las de los demás.

¿Cómo se aplica el programa IAM en el colegio Alborada?

Innovación: A través de la iniciativa iPad se consigue la integración de la tecnología en la educación. Así como plan de desarrollo de currículo digital ”Mobile Learning” a lo largo de todas las etapas. Autonomía: Fomentamos la educación en soft skills: el desarrollo de la oratoria, capacidad de liderazgo, desarrollo del pensamiento emocional, pensamiento creativo y primeros auxilios etc. Mentoring: A través de las tutorías personales entre el profesor y el alumno, para ayudarle a que se conozca mejor, para desarrollar las habilidades sociales, para sacar partido a sus talentos, para que forje su autoestima, y que autónomamente sea feliz.

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